viernes, 7 de enero de 2011

La guerrilla chechena, otra vez terror y pesadilla para el gobierno ruso


Como una enorme mancha de aceite que pudo mantenerse oculta por un tiempo pero que insiste en desparramarse por la alfombra, los reclamos independentistas del Cáucaso vuelven a tomar la agenda política en Rusia. Los atentados suicidas en el subte de Moscú del lunes pasado que provocaron 40 muertos (reinvindicados por DokuUmárov, autoproclamado "Emir del Cáucaso") y los letales ataques en Daguestán de días después, dejaron en evidencia que una guerra nunca se termina unilateralmente y que la política de exterminio de los líderes guerrilleros aplicada por el Kremlin no parece haber sido solución para un reclamo nacionalista de siglos. Una reivindicación que se aviva con la miseria, la corrupción y el subdesarrollo y con jóvenes que buscan en la radicalización religiosa y el terror una razón para justificar sus vidas, aún en la muerte.

Al suroeste del país, en la zona norte de la montañosa región del Cáucaso norte (clave en términos geoestratégicos por su ubicación entre el Mar Negro y el Mar Caspio) hay 7 repúblicas autónomas con unos 30 millones de personas de mayoría musulmana, unas 60 etnias, lenguas más parecidas al árabe que al ruso y un enorme conjunto de conflictos entre vecinos y básicamente con Rusia. Se trata de un territorio ganado a turcos y persas, en donde los cosacos se establecieron a fines del siglo XVI, aunque fue recién en 1859 que los rusos vencieron al imán Shamil, el líder checheno e incorporaron Chechenia (Ichkeria, para los locales) a su territorio. Aunque toda la región es conflictiva, Chechenia, con su tradición de rebeldía y resistencia, es la más emblemática de las repúblicas, por la secuencia de deportaciones durante el estalinismo y las dos guerras que dejaron en su territorio entre 150 y 250 mil muertos, según diferentes estimaciones.

La primera guerra (1994-1996) la libró Rusia bajo el gobierno de Boris Yeltsin y terminó con un humillante armisticio para los rusos. La segunda la inició en 1999 Vladimir Putin y marcó sus dos períodos como presidente, por la virulencia de las acciones de las fuerzas rusas en las ciudades chechenas, los abusos entre la población civil y las cada vez más sangrientas respuestas que la resistencia fue dando en territorio local, pero también en la capital, Moscú, como la toma del teatro Dubrovka en 2002 o los atentados en el metro en 2004 y la toma de la escuela de Beslán, Osetia del Norte, también ese año. Decenas de miles de muertos después, con la mayoría de los líderes guerrilleros abatidos por las fuerzas rusas y con un altísimo índice de popularidad basado en su contundencia para frenar los reclamos independentistas y su talento para las finanzas públicas, Putin dejó la presidencia en 2008. Chechenia quedó entonces en manos de RamzanKadirov, hijo de una familia que peleó con los separatistas durante la primera guerra y que vendió su alma al Kremlin por el dinero necesario para reconstruir sus ciudades devastadas. Los medios rusos, en su mayoría estatales, no prestaron atención ni a la guerra ni a lo que vino luego, cuando Kadirov terminó el trabajo sucio con ejecuciones sumarias y prisiones clandestinas para acallar toda resistencia.
La mancha de aceite logró ocultarse en su Chechenia Truman Show, aunque se esparció por las repúblicas vecinas, hacia donde se trasladaron los conflictos y también los asesinatos de decenas de militantes de derechos humanos. El presidente de Rusia, el jurista Dmitri Medvedev, se había mantenido hasta ahora lejos de la hosquedad del hoy primer ministro Putin, prometiendo sacar a la región del atraso de siglos, la raíz del problema, según el mandatario (aunque así parecía ignorar los reclamos nacionalistas de esos territorios). Los últimos episodios, sin embargo, lo hallaron parado junto a su mentor, reclamando métodos más crueles y deslizando que hasta le gustaría aplicar en estos casos la pena de muerte. Hace un año él mismo había dado por terminada la segunda guerra en Chechenia. Las opciones son dos: o se había equivocado entonces o estamos a punto de asistir al lanzamiento de un tercer capítulo de esta historia de dolor, locura y muerte.

Nanyoly Mendez
CAF

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